6 febrero 2014

JOHN BANVILLE

Tan conocido o más que él en persona es su alter ego, Benjamin Black, nombre con el que firma su serie de novela negra y con el que colabora de forma independiente en actividades literarias. 

A media tarde, cuando estoy algo cansado, el tal Black se acerca a Banville y empieza a darle con el boli, venga, venga, rapidito, aligera. Otras veces es Banville quien se acerca y dice: mira, Black, ésta parece una frase interesante, vamos a jugar un poquito con ella

La vida le ha proporcionado éxitos tan importantes como los premios Franz Kafka (2011), Leteo (2013) y Austríaco de Literatura Europea (2013) entre otros muchos. Ha sido definido muchas veces como un «escritor para escritores», un magnífico premio virtual para su carrera literaria iniciada en 1970. Banville se acerca a los setenta años. Nació en Wexford, en el sureste de Irlanda, de una familia modesta. Con veinticico años publicó su primer libro, la colección de cuentos Long Lankin,y cada tres años más o menos sale de su pluma, trece bajo su propio nombre y, más recientemente , tres bajo el seudónimo de Benjamin Black. Después de sus primeras novelas, salieron dos trilogías celebradas por la crítica: la primera, Doctor Copérnico (1976), Kepler (1981), y La carta de Newton (1982), se centró en estos científicos; y en la segunda, con El Libro de las pruebas (1989), Fantasmas (1993), y Athena (1995), tomó el mundo del arte como su piedra de toque. El Libro de las pruebas también fue preseleccionada para el premio Booker, un premio que Banville ganó en 2005 por su novela El mar. Banville ha trabajado como periodista desde finales de 1960. Más tarde trabajó como editor literario de The Irish Times y sigue colaborando como prolífico crítico literario para The Guardian y The New York Review of Books.
 
"Desde cualquier punto de mira, El Libro de las pruebas es la obra más indispensable de todo el corpus de Banville: cualquier mirada retrospectiva a su carrera en última instancia, debe comenzar y terminar con esta novela. Aunque tal vez más influenciada que influyente, no obstante puede ser aclamada como una de las mejores novelas en inglés de finales del siglo XX. Para todos, la complejidad intelectual de sus temas es también la precursora notable de sus libros Benjamin Black, y su legibilidad demuestra la notable capacidad de Banville  para llegar también a los mercados más exigentes. Para el autor, la novela en sí trajo la atención sin precedentes de la crítica, amplió su atractivo popular considerablemente y cimentó su reputación como el mejor escritor de prosa irlandesa desde Beckett (aunque el estilo del libro deba mucho más a la influencia de Nabokov). Dentro del panorama de la ficción irlandesa , es una obra que incorpora temas de cosecha propia en línea con la tradición literaria de su tierra, como la política de la violencia, los trastornos de la identidad cultural y el problema del lenguaje , así como apunta hacia una nueva etapa de desarrollo en el débil pulso débil, pero sin embargo discernible, de la tradición idealista de la novela filosófica irlandés" (Eogham Smith) .
 
John Banville vs Benjamin Black 
 
Juan Villoro aventuró hace tiempo una justificación para su decisión de desdoblamiento literario: "Mientras se mantenía a flote gracias a las fatigas del periodismo, Banville se convirtió en el original narrador de El libro de las pruebas, El intocable y El mar. Sus libros cautivaron a la crítica, pero no al gran público. Esto explica parcialmente que firmara un contrato para escribir novelas policiales. Sin embargo, había algo más en ese gesto, la búsqueda de otra estética"."Es fácil pensar que Banville quería protegerse con un seudónimo al abordar un género popular. Más sugerente es pensar que quería asumir otro destino: necesitaba un heterónimo, alguien distinto, no sólo en su estilo, sino en su manera de ver el mundo. Black es veloz, directo, impaciente y compasivo. Su prosa es más tradicional que la de Banville, pero está al servicio de un personaje contradictorio, algo irresponsable, que se irrita y reconcilia con facilidad. Estos altibajos le dan sorprendente textura a los sucesos... Banville empezó como un autor casi anónimo. Con insólito tesón, se hizo de una voz propia. Ahora tiene dos voces, tan convincentes que uno sospecha que se odian entre sí".
 
Alguien me dijo que yo era John Banville pretendiendo ser Benjamin Black, pretendiendo a su vez ser Raymond Chandler. Lo más extraño es que no memoria de lo escrito, cuyo proceso olvido completamente...No sé quién es la persona que escribe los libros, no es ni siquiera mi persona, es otra versión de mí. Suena como pretensión y mitificación intencionada, pero es cierto. Con frecuencia, si volviera hoy a lo que escribí ayer me costaría reconocerlo. me parece que estoy trabajando puramente por instinto, dejando que las cosas sucedan. postimg
 
 
Banville desvela que sus escritos son esencialmente una manifestación del artista vital que lleva dentro: 

En mi decisión de dedicarme a escribir influyó el lenguaje. Las palabras. El mundo no es real para mí hasta que no pasa por la criba del lenguaje, y esto ha sido siempre así. También he tenido la maravillosa convicción, que los escritores tienen al principio, de que las posibilidades son infinitas. No me daba cuenta de lo difícil que iba a ser. Pensé que en de cinco o seis años yo sería un escritor en toda regla. Aquí estoy ahora, ya mayor, y siguo practicando con diligencia . Pero me encantó, y todavía me encanta, el oficio. Soy un grafómano. No puedo dejar de escribir. Si me encuentro con un margen de cuarenta y cinco minutos al final de mi jornada de trabajo, voy a recurrir a la adición de un par de frases a algo . Una de las razones que me encanta hacer periodismo - es decir, críticas y artículos literarios - es que puedo hacerlo rápidamente. Es para mí el placer de un artesano. La ficción no hace eso. La ficción es sólo un tormento constante, y un incordio. Aborrezco mi ficción. A veces, fantaseo que paso por una librería y que puedo chasquear mis dedos para que en todos mis libros fuesen páginas en blanco, en las que pudiera volver a empezar y hacerlo bien.

Cuando era un adolescente intenté pintar… pero no era buen dibujante. Descubrí que hay muchas formas de pintar, a través de las novelas también, igual que si lo estuviera haciendo sobre un lienzo. Escribir es un asunto muy raro. Te pasas semanas, meses, años… a solas en una habitación, contando sueños. Escribir es una forma de intentar conseguir que ese sueño se transforme en algo inmediato. La literatura tiene algo perverso, algo de onanismo.

Arte y vida

Hago muchos tipos distintos de literatura. Escribo manuales, piezas de teatro, piezas para la radio, escribo novelas negras (como Benjamin Black), y supongo que todo eso es una profesión. Luego está mi trabajo como el pobre "Banville", que intenta ser un artista y eso sí que no es una profesión. Es mi vida, es como respirar.

Henry James decía: “Que el arte sea la vida”. El arte es un proceso caótico y extraño, como la vida misma. Por cada Hitler hay también un Beethoven. Estar vivos ya es en sí una aventura extraordinaria. Y a través del arte podemos expresar esta maravilla de estar vivos. Sin embargo hay que mantener en mente el sentido de las proporciones. No creo en los grandes hombres. Hay muchos hombres pequeños o mediocres que se sienten grandes. Yo me considero una persona humilde y sencilla.

Joan Acocella escribió en The New Yorker que uno percibe como si John Banville hubiese escrito siempre una larguísima novela. "La herida existencial que producen sus obras les impide el vuelo narrativo, pero las atrapa para que mejor contemplemos su belleza. Al fin y al cabo es sabido que la grandeza de Banville reside en su prosa límpida, armada frase a frase con maneras de orfebre, más que en la primicia u originalidad de sus tramas".

 

Fuentes principales:

Imagining the others - Eogham Smith

El otro Banville - Juan Villoro

Interview - Belinda McKeon

John Banville y Benjamin Black frente a frente - Eloisa Otero (entrevista)

<Reseña - Conversaciones en la biblioteca

 

4  de Febrero 2014

MOONLIT LANDSCAPE WITH BRIDGE de Zadie Smith

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La escritora Zadie Smith ha publicado recientemente en New Yorker el relato corto  Moonlit landscape with bridge , cuya lectura se recomienda, y que inmediatamente ha recibido la atención de los lectores y críticos. No siempre favorables éstos a Zadie Smith, al menos sin el aplauso unánime, de la que se valora más su capacidad de crítica que sus méritos literarios.
 
Es significativa a este respecto la opinión de Trevor en Mooks and Gripes :

    Siempre me he sentido con el paso cambiado cuando llego a Zadie Smith. Me gusta mucho su escritura, pero lo que he leído -que no ha sido todo- nunca me ha llenado completamente. De forma similar, esta pieza alude a una gran oferta y la leo con verdadero interés, sólo para sentirme ligeramente decepcionado al final: parecía estar explorando menos de lo que parecía al principio...

    He finalizado con la sensación del "¿eso es todo?". Aunque hay un montón de hilos entrelazados en este complicado trabajo, en última instancia parece bastante simple: he aquí un hombre que abandona su país para irse a París. Él es horrible,... y esa es toda la historia.

Una historia que refleja las últimas horas del Ministro al abandonar su país, a su gente y su propia casa para irse a un lugar más seguro, París, donde se reunirá con su mujer e hijos. Un desastre natural, un huracán o un tifón, quién sabe, ha destruido gran parte del país, y las denuncias sobre la incapacidad del gobierno para atender a los supervivientes se incrementan, a la vez que los actos de pillaje se suceden entre la población. Como Zadie Smith reconoce, es un relato basado en el desastre ocurrido en Filipinas el año pasado.

Da la impresión que se ha excedido Trevor en la crítica. Sin duda, al relato se aleja de ser perfecto, en la medida que el ritmo de la historia es irregular y Zadie Smith recurre a trucos del oficio para mantener la tensión dramática, como los trazos gruesos del ambiente cargado de tensión en el que se mueven los supervivientes del desastre; los gestos de insensibilidad del político, incapaz de empatizar con el sufrimiento de los que se quedan, y sólo atento a guardar la respetabilidad política, que importa un rábano al resto de sus compatriotas en esas circunstancias. No repara la autora en cargar las tintas, en cada paso más negras, sobre el deplorable personaje del Ministro del que recuerda al final su pasado sangriento y su perfil más inhumano. En ese sentido, es un relato previsible, de principio a fin; como una historia de buenos y malos.

La lectura del relato es, sin embargo, recomendable. Basta con algunas ideas para convencernos, como la envidiable apertura con la que arranca la historia; la asociación entre Ministro y muerte es inmediata, así como se apunta hacia la falta de vigor moral del punto de mira del relato:

    El Ministro del Interior permanecía en mitad de la habitación, evaluando los tres trajes colocados sobre la silla. Uno era del azul pálido de un cielo mañanero; el siguiente, canela, de tela ligera, adecuado para estos terribles veranos; el último, un pesado tres piezas gris de estameña inglesa, para las visitas de estado. Estaban tirados uno encima de otro de cualquier manera, tres cadáveres en una pila.

Basta una pincelada más con la pluma de la escritora inglesa para que la bajeza consustancial del Ministro se muestre a las claras desde los primeros compases del relato:

    El Ministro dio un paso adelante y apretó al ama de llaves contra su pecho. La chica de sus fantasías eróticas se había desvanecido y en sus manos sostenía una vieja mujer, que podía confundirse fácilmente con su madre. Era dificil de creer que había sido una vez el dulce consuelo de la conmoción y aburrimiento que le produjo el primer embarazo de su esposa durante los meses y meses que duró, en este inolvidable clima y con tan difícil, y consentida, mujer.


También casi al inicio del relato, establece un paralelismo la escritora entre título y tema que permite atisbar la riqueza de materiales que maneja la autora:

    Tenía la fortuna que el cuadro más significativo en la casa también era el más pequeño: una miniatura de Van der Neer que, en su mezcla de agua y luz, le recordaba curiosamente a su ancestral aldea.

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El título del relato tiene el mismo título que el cuadro de Van der Neer, elegido junto con su marido en una exposición sobre pintura holandesa. Dice Zadie Smith al respecto:

Hay una teoría de que el exceso del capital en sus éxitos guerreros fue la causa de que los holandeses se dedicaran a comprar cuadros. Había más dinero que tierra en que gastarlo. En lugar de la tierra, el arte se convirtió en el lugar donde el capital está representado en sí mismo. Por eso hay esa extraña tensión en la pintura holandesa. Las escenas eran pacíficas, pero el dinero fue obtenido con sangre. Es como esa famosa cita de Benjamin: "No hay ningún documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de la barbarie."

09Enero

JEFFREY EUGENIDES

 

La escritora Rosa Rankin-Gee ha elegido la obra The Virgin Suicides (1993) de este autor estadounidense como una de las 10 mejores "novellas" románticas. Eugenides consiguió también el premio Pulitzer de ficción con Middlesex (2002), publicada el año pasado en España con el título La trama nupcial.
 
Siempre acabamos cayendo presos de nuestras pasiones
 
Envidio a Jane Austen por haber podido escribir novelas que se basaban en ese mundo tan ordenado en el que las reglas religiosas y sociales eran estrictas y conocidas por todos. Esas novelas siguen afectando a nuestros cerebros, a nuestro entendimiento y esperanzas sobre el amor. Todo el mundo busca su alma gemela y sueña con una pareja que les complete. postimg

Creo que en los tres libros que he escrito he intentado innovar. Creo que todos los escritores tienen que intentar encontrar algo nuevo que decir , o un nuevo abordaje para la novela. Eso es lo que intenté hacer. Todos mis libros son muy diferentes entre sí. Siempre estoy reinventando la forma en la cual escribo una novela.

Vea también Entrevista para The Guardian (en inglés)

 

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