Extracto de la reseña en diario SUR sobre el estreno de Heart-shaped Box

Autora: Regina Sotorrío

El último concierto de Nirvana antes de que Kurt Cobain se volara los sesos terminó con la canción 'Heart-Shaped Box' (caja con forma de corazón). Fue en el hangar Terminal 1 del aeropuerto de Munich. El mismo lugar desde donde poco después se embarcarían blindados alemanes para Ruanda. El suicidio y el genocidio coincidieron en el tiempo, pero el primero despertó más interés mediático que el segundo. Las imágenes de ambos sucesos intercaladas en una pantalla grande ponen en contexto 'Heart-Shaped Box', la nueva apuesta de Factoría Echegaray que se instala en el escenario municipal hasta el 7 de mayo. Por delante, una hora para indagar en el perdón, la incomunicación, el sufrimiento humano, la guerra y el llamado 'Tercer mundo'. «¿Hacia dónde mira Occidente?», pregunta la obra desde la pantalla.

Es una de las muchas cuestiones con las que el dramaturgo Francisco Javier Suárez interpela al público, al que lanza una batería de frases para la reflexión. «Un rebaño no salta una valla», dice sobre la inmigración y la lucha individual por la supervivencia de quienes se la juegan por llegar a Europa. El perdón no implica reconciliación, observa en otro momento sobre las complejas relaciones familiares. Y ese es el núcleo duro de 'Heart-Shaped Box', la historia de dos hermanos que se reencuentran tras diez años sin hablarse para esparcir las cenizas de su padre en un lago de Ruanda, como él quería. Un padre, a su vez, ausente ya en vida, que dejó a los suyos para irse a trabajar como médico al país africano, de donde escapó a la matanza milagrosamente.

Leer la reseña completa: Heart-Shaped Box' en Factoría Echegaray: del perdón, las guerras y Kurt Cobain

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